Desplazada por la guerra civil en Colombia, María Ceballos Paz lucha contra el racismo y la pobreza para recuperar su futuro

Malala_DAY2_115 (1).jpg

Cuando María Ceballos Paz piensa en su casa en el sudoeste de Colombia, piensa en el sonido del mar y el olor de las frutas en la granja de su familia. Pero hace 20 años que María no va a su casa — es una de las 7,3 millones de personas desplazadas por la guerra civil en Colombia. El conflicto entre el ejército, los paramilitares, la guerrilla y los carteles ha estado forzando a familias como la de María a dejar sus hogares durante medio siglo.

María huyó de su casa después de que unos guerrilleros mataron a su padre a causa de un conflicto territorial con un vecino. María vivió con su mamá y sus hermanos en carpas hechas de plástico y madera. En un momento llegó a compartir dos baños pequeños con otras 750 personas en un asentamiento informal. María y su familia se enfrentan a dificultades cada vez que se mudan, ya que son discriminados por su piel oscura y sus acentos rurales. Ella cuenta su historia en el nuevo libro de Malala Yousafzai “We Are Displaced,” que saldrá a la venta el 8 de enero, 2019.

Antes de la publicación del libro hablé con María sobre sus recuerdos de su casa, los desafíos de ser una persona desplazada y lo que espera que el gobierno hará para apoyar a la gente desplazada como ella.

María Rendo (MR:) Cuéntame qué recuerdas de tu casa de tu infancia en Iscuandé, Nariño, Colombia.

María Ceballos Paz (MCP): Olía a arena y una mezcla de frutas que habían en mi casa. Se podía escuchar el mar, porque mi casa estaba muy cerca del río, y el sonido de las lanchas que pasaban. Se podía escuchar todo el ruido que hacían los niños cuando se iban a bañar al río. Era muy bacano.

MR: Tenías sólo cuatro años cuando tuviste que irte de tu casa. ¿Recuerdas el viaje en barco a Cali? ¿Cómo te sentiste esa noche?

MCP: Me sentía normal porque en ese momento no sabía lo que estaba pasando. Sólo estaba un poco inquieta porque el barco se movía mucho y todo el movimiento no me dejaba dormir bien. Pero en ese momento yo no entendía por qué nos estábamos yendo entonces todo lo demás se sentía normal.

MR: En tu capítulo del libro de Malala cuentas que tú y tu familia eran discriminados en Cali por tener color de piel más oscuro y un acento rural. ¿Cómo los trataban de manera distinta la gente local?

MCP: Trataban de hacerme sentir mal por cómo hablaba y se burlaban de mi familia porque teníamos un acento muy diferente. En el colegio siempre me hacían bullying por mi manera de hablar y porque era muy negrita. Siempre había esa discriminación y por eso me aislaba de la gente. No podía hablar porque tenía miedo de que se burlaran de mí.

También discriminaban a mi mamá, entonces yo sentía que si nos discriminaban a las dos yo no me podía sentir segura. Habían niños que jugaban conmigo pero hacían comentarios como “Mira cómo María habla todo raro.” Entonces yo lloraba y me aislaba. I’d cry and isolate myself. Procuraba siempre andar sola y no hablar mucho para que no se burlaran de mi.    

MR: Sé que te has mudado ocho veces desde entonces. ¿Por qué razones tu y tu familia se mudaron tantas veces?

MCP: Nos hemos mudado muchas veces. Primero, no podíamos pagar el arrendamiento entonces nos echaron. Después cuando estábamos arrendando una casa pequeña, los vecinos se empezaron a burlar de mi mamá porque tenía piel oscura y acento. Mi mamá decidió que deberíamos mudarnos a otro lugar. Antes de llegar a la invasión, fuimos a un terreno y nos tiraron gas para que nos vayamos. Seguimos intentando encontrar una casa donde pudiéramos pagar el arriendo pero no había algo seguro así que seguimos mudándonos hasta que llegamos a la invasión.

A veces me siento frustrada, me siento triste porque no consigo arriendo o no puedo pagar el almuerzo entonces me siento a escribir o me siento a leer.
— María Ceballos Paz

MR: ¿Qué es lo más difícil de mudarse a un lugar nuevo?

MCP: Lo más difícil de mudarse es llegar a un lugar nuevo, especialmente cuando era una niña pequeña, y hacer amigos. Sentía que se iban a burlar de mi por mi acento y mi color de piel entonces era difícil adaptarme a ese lugar. Llegar y que la gente nos miraba mal; la verdad eso es muy duro. Es muy duro que lo discriminen a uno por su acento o por su color de piel. Cuando uno no le cae bien a las personas por esas razones y empiezan a hacerte la vida imposible para que desalojes, esa es la parte más difícil.  

MR: ¿Cuánto tiempo has vivido donde estas viviendo ahora? ¿Estás comenzando a sentirte como en casa?

MCP: Llevamos 3 años viviendo donde estamos viviendo ahora pero no, la verdad es que en ninguna parte me he sentido como en casa. No me siento como en casa porque la gente nos trata mal. Mi familia habla duro porque venimos de un lugar donde se habla duro entonces se ha quedado esa costumbre. A la gente a veces no le gusta eso. Entonces no me siento en casa aún. No me siento como que llegué a ese lugar.  

MR: ¿Todavía quieres estudiar comunicaciones o asistencia social en la universidad? ¿Qué es lo que no te permite continuar tu educación?

MCP: No tengo cómo estudiar comunicación social, que es lo que me apasiona, porque no tengo cómo pagar la universidad. Acá esa carrera es muy costosa entonces si no tienes cómo pagar, lastimosamente no vas a poder estudiar.  

MR: Estabas trabajando en un salón de uñas hasta hace poco. ¿Por qué tuviste que dejar ese trabajo?

MCP: Sí, estuve trabajando en un salón de uñas pero me retiré de ahí porque pagaban muy poco. A la dueña no le importaban sus trabajadores, sólo le importaba ganar dinero. Era muy agotador. Me retiré de ahí porque no nos pagaba lo que nos debía pagar. Yo tenía que pagar el arriendo, la comida y la educación y los gastos de mi hermano menor. Lo que nos pagaba no me alcanzaba para nada, ni para pagar el transporte de casa al trabajo. La señora también me trataba mal. Me decía “Hágale negrita, hágale.” Aunque la gente dice que el racismo se ha terminado, la verdad es que aún sigue. Por eso me retiré de allá.  

MR: ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

MCP: Me gusta leer y escribir sobre lo que me está pasando. Me gusta escribir lo que siento. Me ayuda a desahogarme mucho. A veces me siento frustrada, me siento triste porque no consigo arriendo o no puedo pagar el almuerzo entonces me siento a escribir o me siento a leer. Esos son mis ratos libres: leer y escribir.  

MR: ¿Cómo te sientes cuando vuelves a ver el documental que creaste, “Displaced But Not Defeated”? ¿Tu mensaje sobre las personas desplazadas ha cambiado?

MCP: Me siento muy feliz porque la gente se está dando cuenta de lo que realmente está ocurriendo aquí en Colombia con el desplazamiento. Es importante que la gente sepa cómo está la situación porque no hay apoyo. Esa era la idea: mostrar la realidad de la gente desplazada y que los demás entiendan por qué es tan duro. Hay una gran diferencia entre hablar sobre algo y vivirlo. Yo pasé por muchas cosas muy duras y veo a mucha gente pasando por lo mismo. Me hace muy feliz que la gente vea el documental y se dé cuenta de que la gente desplazada está sufriendo y viviendo en condiciones muy duras.

MR: ¿Qué te parece que el gobierno puede hacer para ayudar a familias desplazadas dentro del país?

MCP: Yo pienso sinceramente que el gobierno de Colombia, aunque dice que está ayudando, realmente no ayuda porque hay demasiada gente desplazada, hay demasiada gente sufriendo. El gobierno dice que está ayudando con salud y educación, pero uno va a las Entidades Promotoras de Salud (EPS) y tiene que hacer una fila inmensa para que le puedan dar una cita y lo puedan atender tres o cuatro días después. Cuando alguien está en esta situación necesita demasiada ayuda de alimentación, etc. y el gobierno de Colombia no está haciendo lo suficiente.

MR: ¿Qué esperas que la gente aprenda después de leer tu historia en el libro de Malala? ¿Qué esperas que la gente haga con lo que aprenderán de tu historia?

MCP: Espero que la gente aprenda. Espero que vean cómo vive la gente desplazada y se pongan en su lugar. También espero que aprendan que hay niños que tienen muchos sueños, pero cómo no tienen dinero o no pertenecen a cierta clase social no pueden lograr esos sueños. Quiero que la gente que lea mi historia sepa que esto es algo que está pasando en muchos países y en todo Colombia. Espero que la gente vea que a pesar de los muchos obstáculos, hay niños que siguen soñando y siguen presentes. También espero que la gente realmente sepa que el gobierno no está haciendo nada y que el desplazamiento es muy duro.

No tenemos la posibilidad de decir, “Basta, yo ya pase el desplazamiento y quiero empezar una nueva vida.” Uno siempre va a tener la chapa de ser desplazado y eso me cierra todas las puertas. Quiero que la gente sepa que hay una joven aquí que todavía tiene muchos sueños por cumplir. Y que por mucho obstáculo que pase, ella sigue soñando y sigue perseverando para que todo se le cumpla.

Esta entrevista ha sido editada y condensada por claridad.

This article is also available in English.


Like what you’re reading? Subscribe to Assembly to get girl-powered posts delivered to your inbox twice a month.


 
KqYscszu_400x400.jpg

About the author

María Rendo is the communications assistant at Malala Fund. She is from Buenos Aires, Argentina and loves reading, cats and coffee.